Desde 1978
No lo construimos para alojar
Jorge, nuestro padre, compró este campo en 1978. Se llamabaEstancia La Herradura, por la curva que hace el río justo frente al casco.
Durante años fue campo de trabajo, y nada más que eso. Hubo hacienda propia, hubo hacienda arrendada, hubo animales a media. Después vino la granja avícola: producíamos huevos en una época en la que ni luz corriente teníamos. Encendíamos sol de noche adentro de los galpones para poder trabajar.
Algunos de esos galpones siguen en pie. Los reciclamos y hoy son parte de las instalaciones.
Después de la crisis del 90 tuvimos que buscarle otra vuelta. Empezamos por alquilar la casa grande, que era nuestra casa de fin de semana y de vacaciones. Hoy se llama Los Pinares.
De a poco fuimos arreglando las casitas que quedaban en el casco para poder alquilarlas también. Las primeras que pusimos en condiciones están construidas en adobe. Siguen así.
Eso es lo que hay acá: un campo que se fue convirtiendo en otra cosa, sin dejar de ser campo.

La granja
Los animales
Hay corderos, que criamos para consumo propio. Hay gansos, gallinas y terneros. Hay llamas y una vaca que criamos a mamadera, y esas son puro gusto nuestro.
Y hay caballos.



Hace unos años nos pusimos a recuperar fauna que se había ido del campo. Volvimos a meter vizcacha y coipo. Hoy se los ve.



El agua
El río
El Quillinzo pasa por el borde del campo. Es de piedra y de agua clara, con playitas de arena y pozos donde se puede nadar.
Mantenemos más de mil metros de costa: cortamos el pasto, podamos y reforestamos. Para bajar hay que entrar por la tranquera de la Estancia.


Después de que se va el sol
De noche no hay luces
Estamos lejos de todo, y eso se ve para arriba. En las noches despejadas se ve la Vía Láctea a ojo desnudo. Hay fogones armados en el parque y a la orilla del río.




Quién los recibe
Alberto
Alberto es el encargado. Es el que abre la tranquera, el que lleva la leña, el que enciende el gas y el que aparece cuando falta algo.
No lo decimos nosotros:
★★★★★
Excelente lugar y mejor atención de parte del encargado, el señor Alberto. […] MUCHAS GRACIAS ALBERTO, hasta la vuelta.
